SEXO A LA CARTA EN LA PATAGONIA III
Me quedé como hechizada contemplando su glorioso pene, a la vez que le tanteaba su dureza con mi pequeña mano; de repente, noté que la mano que Gabo tenÃa puesta sobre mi nuca, me estaba empujando inconscientemente en dirección a su sexo. Interpretando su gesto, bajé del sofá me hinqué sobre el suelo, le tomé la polla con ambas manos e inclinando mi cabeza, mis labios se posaron suavemente sobre su glande. Al sentir mi contacto, su capullo se hinchó y adquirió un color amoratado, luego de besarlo lo lamà repetidamente con la punta de mi lengua, comencé a chuparla toda con ganas y al ver que habÃa alcanzado su máximo esplendor, embutà aquella polla dura y palpitante en mi boca, recorriéndola con mis labios, dejando que penetrara hasta mi garganta.
-Oohhh!! oohhh!! Sari…mi amor….!!.-pude entender que decÃa entre rugidos.
Al poco, noté que tenÃa la verga algo más untosa y presintiendo un inmediato estallido, levanté la cabeza para sacar su verga de mi boca y darle un respiro.
-Ven aquà reina mÃa, quiero probar tu saborcito….
Me recostó sobre el sofá, y después de retirarme el panty, se dejó caer sobre mÃ, me separó los labios genitales con sus dedos para acariciar mi vulva con ávidas lamidas.
-Hummm…que chochito tan rico, sabes a ambrosÃa, nena!
Su lengua, con notable destreza, comenzó un tour maravilloso alrededor y sobre mi clÃtoris, haciendo que yo me agitara exacerbada por una estimulación extrema, presa de un gusto inmenso.
-Mmmm..! aahhhh! mmmm. aaahhhh…! -gemÃa yo excitada.
Asà continuó unos minutos, obsequiándome con toda la sabidurÃa de su experta lengua, insistiendo como para asegurar mi disfrute por encima de todo. Yo, descontrolada por el calentón, agarré su cabeza y la atraje con fuerza sobre mi sexo, hasta que mi excitación llegó a la cresta de la ola, y disfruté de un orgasmo extraordinario, que me dejó patitiesa.
-Aaaassch! aaaaassssch! aaaaahhh! –gemÃa yo entre mis estertores de placer.
Consciente de que me habÃa hecho gozar plenamente, me tomó en brazos y depositándome sobre la piel que habÃa frente al fuego, se tumbó a mi lado, me besó el cuello y la cara con ardor, me colmó de expresiones cariñosas mientras me besuqueaba los lóbulos de la oreja. Arrimó su cuerpo al mÃo, hasta hacerme sentir su dureza apremiante, su pene pendulaba en su bajo su vientre, tenso como una cuerda bramante muy caliente y enrojecido.
Le pedà mi bolso que estaba sobre la mesa, extraje un condón y se lo puse. Gabo se colocó boca arriba, listo para perforar con su barrena de carne lo que se pusiera por delante, me arrodillé sobre él, agarré su verga entre mis pequeñas manos y la puse justo sobre mi vulva, dejando que me introdujera solo la cabeza, acariciando el interior de mi conchita lubricada y ansiosa. El sentir su tacto caliente y aterciopelado era un juego exquisito, tan excitante que su polla recreció un tanto mientras se frotaba en la antesala de mi vagina. Me dejé caer sobre él con las piernas abiertas, entonces sentà el empuje implacable conforme iba clavándose su espadón en mis entrañas…la sensación era de lo más rico, notando como se abrÃa paso entre los repliegues mucosos y calientes de mi vagina. Todo el tronco se hundió en mi, en un acoplamiento perfecto. Su pene de grueso calibre, forzaba mis labios, entrando y saliendo rÃtmicamente a impulsos de los movimientos de pelvis que yo le iba administrando desde mi posición más libre.
-Dale….dale más…. es toda para vos…! -me animaba Gabo con voz entrecortada.
Poco a poco nuestras embestidas eran mutuas y fueron alcanzando más y más velocidad hasta acabar en sacudidas frenéticas, de un sexo contra el otro, que se pegaban y despegaban para volverse a atacar con furia, desesperados… camino del paroxismo temporal de un increÃble climax. Primero sentà en mi coño el estremecimiento de su eyaculación, mientras su boca buscaba ansiosamente la mÃa para morderme los labios y liberar su excitación. Seguidamente, en unos segundos, los latidos de su polla mientras descargaba dentro de mà sus últimos bombeos, provocaron que me corriera otra vez muy intensamente.
TodavÃa estuvimos recostados juntos por unos momentos, con su mano sobre mi vientre, acariciándolo tiernamente, suspirando y celebrando el lance tan tremendo que acabábamos de disfrutar.
-Sara, eres una mujer muy completa. Algo me decÃa que cogiendo también serÃas excepcional y no me he equivocado…..eres divina, lo más! –me dijo en tono de admiración.
-Qué quieres, herir mi modestia..? No te hace falta, ya he sido tuya…-le repliqué seria.
-Parece que te sientes ofendida o arrepentida.
-No, ha sido genial, además lo esperaba y tu lo sabÃas…pero no me ha quedado muy buena conciencia, sabes?
-Porqué, mi amor…?
-No sé…siento que no me he hecho apreciar y que puedas pensar que soy siempre asà con todos.
-Eso no…por Dios Sara! Pienso que las circunstancias nos han desbordado la pasión y nos han obligado ha hacerlo asÃ.
-Realmente, me gusta el sexo y lo disfruto con liberalidad, pero soy cuidadosa al escoger mis compañÃas.
-Entonces…gracias por el privilegio. Me siento afortunado de ser tu elección!
Después de este diálogo de aclaración, Gabo se ha levantado, se ha vuelto a poner su albornoz, para poner la mesa y asar la carne para la cena. Era ya el final del atardecer. La cena transcurrió plácidamente, nos abrimos más entre nosotros, platicando abiertamente, mientras dimos cuenta de la parrillada y de una botella de vino tinto. Estaba todo exquisito y asà se lo reconocÃ, dándole una vez más las gracias por tantas atenciones y demás. Al terminar preparó una taza de mate cocido para que degustara esta apreciada infusión argentina que, según Gabo, me ayudarÃa a digerir tanta carne en una noche. Lo tomamos sentados en los sillones, frente a la agradable fogata.
Le recordé que cuando viera oportuno me acompañase hasta el hotel, a lo que me dijo que aún era pronto, puesto que al dÃa siguiente no necesitábamos madrugar mucho.
Por un instante, cerré los ojos para recuperarme de la realidad del momento. Estaba en un paÃs alejado del mÃo por muchos miles de kilómetros, con la sola compañÃa de un hombre, que se mostraba como un caballero y aunque casi desconocido me habÃa entregado a él sin condiciones, y a mi albedrÃo. No podÃa llamarme a engaño, ya que desde el primer momento percibà que aparte de ser amable con una extranjera y distraer su soledad, su actitud denunciaba que pretendÃa algo más, algo como conquistarme y tener una aventura conmigo. A pesar de ello, hice como que no me daba cuenta de su asedio, me sentÃa complacida de verme tan consentida y mimada por este hombre, buen amante, que me inspiraba confianza y seguridad. Su persona me habÃa seducido. No me arrepentÃa de haberle aceptado, pensando al final que todo iba bien y asà iba a seguir.
-Seguro que ahora ya te encuentras como nueva….-comentó él.
-Si, pero me siento magullada del cuerpo, como si me hubieran apaleado. –contesté.
-Tú lo que necesitas para reponerte es un buen masaje antes de dormir. -me dijo.
Le miré a la cara con aire incrédulo, sin decir palabra. Me aseguró que estaba habilitado para hacerlo, ya que tiempo atrás hizo un curso de fisioterapia.
-Dejame que te compense y alivie por el dÃa tan duro que te he hecho llevar. –insistió.
-Te lo agradezco, pero no voy a consentir que estés todo el dÃa haciendo de nurse para mÃ. –le contesté.
-Ninguna molestia, al contrario, he decidido dedicarme a vos todo el tiempo, quiero dispensarte lo mejor de mÃ, cuidarte, llenarte y colmarte de lo que te haga feliz. –insistió mientras me acariciaba la barbilla.
-Mira Gabo….otro dÃa te dejaré que me hagas una demostración.
Sin hacer caso de mi propuesta, se levantó dirigiéndose al baño y al poco salió con un frasco, un tubo y una toalla de baño, la extendió sobre él la piel de cabra y me señaló que me tumbara sobre ella, a modo de camilla. El me esperaba allÃ, de rodillas para iniciar su tratamiento. Inexplicablemente en mi, adopté una actitud de obediencia ciega y sin más objeciones me acosté boca abajo, con la camisa puesta y los brazos extendidos, él, se colocó a horcajadas por encima de mis piernas, me despojó parsimoniosamente de toda la ropa, luego introdujo sus dedos acariciantes entre mis cabellos, me retiró el pelo hacia delante, deslizó los dedos desde mi nuca hasta el cuello, presionando y amasando la parte muscular, insistiendo con las manos y los dedos durante un rato hasta alcanzar los hombros.
Después, vertió una parte del aceite aromático y estimulante dérmico en sus manos y me untó todo el torso, me frotó a lo largo y ancho de la espalda, hasta recorrerla desde la nuca hasta los glúteos con friegas y frotamientos, en inacabables maniobras con las palmas de las manos y los dedos, alternando los trazos largos, cortos, circulares. Antes de dejar la zona, pasó las yemas de los dedos bordeando la espina dorsal en un rozamiento tan sutil que apenas me tocaba, tal como si una araña estuviera correteando por mi espalda.
Esto último, me produjo un cierto cosquilleo muy familiar, eran los primeros efectos sensuales. Ahora, sentÃa la sensación de una nueva forma de comunicación entre los dos, algo que tenÃa verdadera profundidad, traspasaba mi piel. Como se trataba de solucionar mis problemas fÃsicos, me dejé hacer con gusto pero pronto comencé a sospechar que el final iba a ser otro. Poco a poco fui pasando a un estado mental de abandono, disfrutando de ser tocada, algo que él estaba haciendo muy bien.
Gabo, se retiró hacia atrás para poder trabajar en la zona de mis extremidades. Ahora se ocupaba brevemente de mis pies utilizando sus pulgares, me atenazó los tobillos con las dos manos para elevar mis piernas y fregar la fina piel varias veces, concienzudamente, hasta más arriba de las rodillas, cada vez con más firmeza, incluyendo la zona interior de los muslos. Sus últimos recorridos ya eran más amplios, casi más bien caricias sensuales que friegas terapéuticas o por lo menos mi estado voluptuoso asà me lo hacÃa notar. Después de acabar con mis piernas, pasó a frotarme y amasarme los glúteos de nuevo, oprimiendo y frotando cada uno de ellos con su mano extendida, a la vez que los jalaba hacia los lados, separándolos repetidamente. Su mano surcó varias veces la hendidura de mis nalgas, sin llegar a rozar el ano ni los genitales. Me volvió a frotar con las palmas de la mano, con mucha presión, a lo largo de la espina dorsal, hasta que me calentó toda la zona lumbar y cervical. La verdad es que con los últimos tocamientos me habÃa transportado al paraÃso del bienestar.
En unos segundos pasó por mi mente que con todas estas manipulaciones por casi toda mi anatomÃa trasera, mis molestias musculares habÃan desaparecido por completo, parecÃa ser que Gabo habÃa hecho un buen trabajo, mi cuerpo estaba nuevo y laxo, pero poco a poco pasé de estar relajada a tener las pulsaciones aceleradas, y las partes vedadas de mi intimidad habÃan quedado llameantes con el ansÃa de ser también exploradas por sus experimentadas manos.
Aprovechando el masaje, Gabo me habÃa realizado también un meticuloso preludio muy rijoso, que me habÃa preparado para todo. Imaginaba el ejercicio de autocontrol que estarÃa realizando él, resistiendo al llamado de su instinto para abalanzarse sobre mÃ, y cambiar el programa fisioterapéutico por un lance desenfrenado de sexo. Pensé que si se habÃa contenido hasta el momento, era por su experiencia y que su intención serÃa despertar un fuerte deseo en mà para terminar cogiendo como locos.
Seguidamente, sus dos manos abiertas se metieron debajo de mi cuerpo, volteándome para cambiarme a la posición supina. AsÃ, puesta boca arriba, sin amagos, extendió más aceite sobre mi piel y me propinó un tratamiento similar, deslizando sus manos y sus dedos hábilmente en innumerables viajes sobre mi vientre, oprimiendo y acariciando mis costillas y mis pechos. Llegaba al minúsculo triángulo velloso sobre mi pubis y encogÃa los dedos para no tocar mi flor genital. En una de sus aproximaciones a mi región púbica, debió comprobar allà las convulsiones de mi bajo vientre, que yo ya no podÃa disimular por más tiempo.
-Bueno Sari …… creo que hemos llegado otra vez al punto. Ahora para rematar necesitamos los dos algo más, no crees? –me dijo mientras me despojaba de mi ultima ropa.
-Si….me parece que el masajista se ha salido del guión! –le contesté abrumada por la calentura.

























